Guerra por Scyntilla: Líder de la Manada (Tras las 2ªs partidas)

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Guerra por Scyntilla: Líder de la Manada (Tras las 2ªs partidas)

Mensaje  Aertes D el Lun Abr 02, 2012 1:56 am

Relato inspirado por las diversas partidas de la primera ronda de misiones referentes a la línea Infestación en el Segmentum Solar. El título "2ªs partidas" no es muy correcto pero sigue la línea del anterior.


El inquisidor estaba en pie rodeado de proyecciones holográficas de tal tamaño que le hacían parecer insignificantemente pequeño. Aun siendo poco más que caricaturas dibujadas en el aire con tenues líneas verdosas, los marines espaciales intimidaban a cualquiera. No obstante el Inquisidor no estaba solo en su nivel de estatura: uno de los hologramas pertenecía al oficial al mando de las tropas de Pirexia en representación de la guardia imperial presente en el conflicto.

Kónel Ábsaton dedicó a las imágenes una inclinación de cabeza, gesto que su respectiva imagen repetiría ante todos los asistentes a aquella reunión a distancia. Se dispuso a hablar.

- Los tiránidos han sido rechazados en todos los cuadrantes salvo en Kutra 2 y 3 -dijo Beld Darkwolf, el líder de los Lobos Espaciales, antes de que el inquisidor abriera la boca-. Ha sido una brecha menor en nuestras defensas, la Guardia Imperial debería ser capaz de cerrarla y los Ángeles Oscuros deberían darles apoyo ya que esa zona era de su responsabilidad.

El representante de los Ángeles Oscuros, la imagen más voluminosa debido una armadura de exterminador más voluminosa que el estilizado diseño de los Caballeros Grises, frunció el entrecejo. El inquisidor Ábsaton alzó la mano.

- Señor Darkwolf...

- Los tiránidos han incrementado la fuerza de cada uno de sus ataques en las últimas escaramuzas -prosiguió el Lobo Espacial-. Han pasado de acciones de infiltración y asesinato a asaltos pesados con las criaturas de mayor tamaño. No podemos sentarnos en nuestras líneas de defensa mientras ellos ejercen más y más presión. No podemos ni lo haremos. Vamos a llevar el combate de vuelta a donde pertenece: el terreno del enemigo.

No quedó claro si reconocer que los tiránidos habían empezado a lanzar a sus criaturas más devastadoras contra la línea imperial se hizo en descargo de la derrota de los Ángeles Oscuros o si era una mera mención de los hechos. El inquisidor del Ordo Xenos poco podía rebatir: eran sus propios equipos logísticos quienes elaboraban esos informes para los marines espaciales.

- Hrungnir -dijo el Lobo Espacial.

Todos salvo el guardia imperial tardaron un momento en darse cuenta de que era un nombre, ya que el mencionado apareció en el holograma junto al primero como una figura que avanza desde las sombras hasta que una luz verdosa lo ilumina. Su servoarmadura estaba cubierta de diseños primitivos en forma de runas.

- El inquisidor tenía razón -dijo el recién invitado con desgana-. Estos xenos actúan bajo la influencias de esas cosas, los nodos megasinápticos. He combatido en primera línea con ellos y los he sentido, y no es nada que haya experimentado en mis anteriores luchas con los tiránidos. La primera iniciativa era la mejor: destruir esas construcciones y todo lo que las rodee.

Que el lobo hubiera hecho suyo el término acuñado por él era un halago que hizo al inquisidor sentir muy extraño. No obstante otra voz volvió a pronunciarse antes que la suya.

- La primera iniciativa acabó en desastre -replicó el Ángel Sangriento-. Alrededor de las bioconstrucciones los bombardeos son inútiles y esos vórtices de disformidad devastan a todo aquel que se acerque. Ni siquiera hemos podido recuperar la semilla genética de nuestros hermanos después de que fueran volatilizados por uno de ellos.

- Eso es porque nos lanzamos al combate como una manada de grox enfurecidos -prosiguió el sacerdote rúnico, que dirigió la mirada a los dos silenciosos representantes de los Caballeros Grises-. Esta vez lo haremos como una manada de lobos: con inteligencia y propósito. Lo haremos como marines espaciales.

- Eso suena a plan de ataque -intervino el Caballero Gris de la hermandad que apoyaba a Ábsaton.

- Bien, al menos parece que recuerdas lo que es -dijo el sacerdote. El Caballero Gris no replicó-. Mi señor Beld Darkwolf ha elaborado una estrategia basándose en los datos recopilados por la inquisición desde el inicio del conflicto. Volveremos a atacar el cuadrante Larsis. El lugar de nuestra primera derrota será donde comience la victoria definitiva.

- ¿Por qué ha de funcionar esta vez? -preguntó de nuevo el Caballero Gris.

- Porque esta vez se hará bien -dijo el propio señor lobo-. haremos nuestra la estrategia del enemigo: atacar en múltiples frentes. Los tiránidos son peligrosos como horda, pero individualmente cada uno de ellos es débil y fácil de aplastar. Se están enviando los planes actualizados de ataque a vuestros cogitadores.

Ábsaton repasó la holopantalla que flotaba ante él mostrando los planes de los Lobos Espaciales mientras los marines seguían hablando entre sí. En un inciso, su voz pudo oírse por vez primera.

- Señor Darkwolf, coincido con su valoración sobre los tiránidos, pero para obligarles a separarse del modo en que sugiere este plan se necesitarían más tropas de las que disponemos.

- Entonces es una suerte que las tropas de que disponemos sean marines espaciales y que la guardia imperial haya actuado de forma mucho más convincente de lo que algunos de los presentes sugirieron en principio -dijo mirando al oficial pirexiano-, así que nuestras fuerzas no son tan escasas. El plan es sencillo, como lo es el plan del enemigo, como debió serlo desde el primer momento: atacar y destruir los nodos de comunicación, recapturar el cuadrante Larsis y recuperar aquello que aún pueda sernos de utilidad. ¿Preguntas?.

El gran maestre de la segunda hermandad de Caballeros Grises, aquel que diseñó la estrategia que llevó al desastre en Larsis, miró a los presentes como si esperara que alguno hablase. Nadie hizo la pregunta que él esperaba: "¿quién ha puesto al Lobo Espacial al mando?". Ni siquiera el inquisidor parecía dispuesto a rebatirle. Los Lobos Espaciales y los Ángeles Oscuros habían sido los que mayores logros habían conseguido hasta el momento, pero el aislacionismo de los segundos hizo que fueran los primeros quienes más activamente colaboraran con el resto. La sempiterna rivalidad entre ambos también fue determinante.

- Entonces movámonos de una vez -sentenció Beld Darkwolf con impaciencia antes de que su imagen desapareciera, cortada la comunicación.

El resto de imágenes fueron apagándose una tras otra hasta dejar al inquisidor del Ordo Xenos aparentemente solo en la penumbra. Fue entonces cuando una segunda figura, tan real como él, se adelantó tras haber permanecido fuera de la vista de los transmisores holográficos.

- Parece que ha ido bien -comentó Leon Clemens, inquisidor del Ordo Malleus-. Los Caballeros Grises son una de las fuerzas más cercanas a Scyntilla, pero tienen poca experiencia en lo referente a invasiones tiránidas y mucho orgullo en lo referente a reconocerlo.

- ¿Crees que aceptarán de buen grado esta situación?. Los Lobos Espaciales se han hecho con el liderazgo como queríamos y los marines espaciales parecen apoyarles, incluso los Ángeles Oscuros. La guardia imperial no cuestionará a ninguno de ellos salvo que se lo ordenemos, pero me preocupa lo que los Caballeros Grises vayan a hacer.

- Los Ángeles Oscuros apoyarán a cualquiera que les lleve hasta el pecio espacial, un dato que me ocupé de que llegara al conocimiento de los Lobos Espaciales. Hemos elegido a nuestro nuevo comandante, ahora todo depende de él. Yo me ocuparé de los Caballeros Grises.
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